El Libro del Génesis Revelado


Presentación del Libro
Creación Hombre Espiritual
El Hombre Terrenal

Día Primero
Día Segundo
Día Tercero
Día Cuarto

 

Día Quinto
Día Sexto
Día Séptimo

Texto Bíblico
Contraportada


Creación Hombre Espiritual
Edém Hasta la Humanidad
Dios Rechaza la Maldad
Consecuencias del Pecado
El Hombre Terrenal
C. Para el Hombre Caído
El Hombre Terrenal Relatos
El Reencuentro con Dios



      
   

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

           
 

Dijo Dios: “Bullan las aguas de animales vivientes,

y aves revoloteen sobre la tierra

frente al firmamento celeste”.

Y creó Dios los grandes monstruos marinos

y todo animal viviente que repta

y que hace bullir las aguas, según sus especies,

y todas las aves con alas según sus especies.

Y vio Dios que estaba bien.

Y los bendijo Dios diciendo:

“Sed fecundos y multiplicaos,

y henchid las aguas de los mares,

y las aves crezcan en la tierra”.

Y atardeció y amaneció: día quinto.

(Gén.1,20-23)

 

Ahora en el quinto día Dios comienza a poblar “las aguas de por debajo del firmamento” que había separado ya en el día tercero (Gén.1,6-7).

Dijo Dios: “Bullan las aguas de animales vivientes”.

Las aguas simbolizan el estado de los creyentes. (Así se ve en el segundo día de la creación, y en el aviso de  la segunda trompeta del Apocalipsis (Ap.8,8).  

Y así dice Job hablando de Dios: “Los peces del mar te lo declararán también” (Job.12,7-8). Los peces, los que viven en el mar, son símbolo de los creyentes. Para declarar a Dios hay que ser creyente. Ahí, en el mar, manda Jesús a pescar, a remar mar adentro (Lc.5,4). El Apocalipsis nos dice que el mar desaparecerá al final (Ap.21,1). Cuando así sea habrá ya sido la manifestación gloriosa de Cristo a nivel universal. Todos lo verán (Ap.1,7). Y al hacerse real ya los que eran creyentes dejarán de serlo (porque se cree lo que no se ve pero no lo que es ya evidente). A ello se refiere la pregunta de Jesús a la que no le habíamos encontrado respuesta: “Cuando el Hijo del hombre venga ¿encontrará la fe sobre la tierra?” (Lc.18,8). La respuesta es no. Ya la gloria de Dios se vive; en ese  momento es manifiesta.

Y aves revoloteen sobre la tierra frente al firmamento celeste.

Es bueno destacar cómo dice Job (Job.12,7) que las aves de los cielos te mostrarán a Dios, pues para ver las aves de los cielos hemos de mirar hacia lo alto, y ahí podemos ver las aves, como símbolo de los hombres que perciben más de cerca su Presencia, de los que están en  cercanía a Dios. Y están simbolizando a los que viven una Vida en libertad, por encima de ataduras, y que sirven también para  que otros miren a lo alto y busquen a Dios.

Y creó Dios los grandes monstruos marinos y todo animal que repta y que hace bullir las aguas según sus especies.

En este medio que Dios nos ha concedido para ser purificados y regresar a Él, nos pone ante nuestros ojos los animales marinos en todas las especies. De todos ellos si nos fijamos, podríamos aprender algo, o mucho.

Para los que viven en el mar, para los creyentes, también hay luchas. Ahí están los grandes monstruos marinos. Ahí están también los animales que reptan. Aparentemente el mar cuando está tranquilo parece “un oasis de paz y silencio”, pero en él también hay lucha por la supervivencia, se libran  batallas por conservar la vida como  entre los animales en libertad de la tierra.

Esto nos advierte que así también nuestras almas de creyentes han de luchar por conservar la verdadera Vida en Dios, tienen que afrontar aquí luchas para permanecer en Dios, porque el enemigo está siempre al acecho para quitarnos la Vida y hacernos su presa.

Y Dios no sólo puebla el mar, sino que también crea toda clase de aves en este día:

Y  todas las aves con alas según sus especies.

Todas simbolizan algo para nuestras vidas, desde las águilas que vuelan más alto, (de las que podemos aprender de una vida más cercana a Dios), hasta las aves de corral que vuelan casi a ras de tierra, como las más apegadas al suelo, a lo cotidiano. Jesús, incluso en la gallina, ve su lado tierno y dice que Él querría cobijarnos como una gallina cobija bajo sus alas a sus polluelos (Mt.23,37).

Simbolizan las aves a las almas que están entregadas a la providencia de Dios, “porque las aves no siembran ni riegan ni tienen graneros, pero nuestro Padre celestial las alimenta” (Lc.12,24). Podemos ver en estos signos, la confianza y descanso absoluto en la voluntad de Dios. El Apocalipsis nombra al “cuarto viviente” como un águila en vuelo (Ap.4,8), símbolo de apóstoles. También las nombra la Biblia refiriéndose a los que se encumbran a sí mismos: “Aunque alces como águila tu nido, de allí te haré descender yo” (Jer.49,16).

Y como se nos dice en el Apocalipsis, también hay toda clase de aves inmundas y detestables (Ap.18,2). Simbolizan a los que se corrompen, comiendo de las abominaciones del mundo, aunque tenían todo para disfrutar de la Vida tan cercana a Dios. Los buitres nos sirven como símbolo de éstos porque se alimentan de carroña: “Donde esté el cadáver allí se reunirán los buitres” (Mt.24,28). Todo nos enseña para que podamos distinguir y elegir nuestra forma de vivir. Toda la naturaleza nos habla, y nos ayuda a buscar de Dios, nos hace bien:

Y vio Dios que estaba bien.

Dios conoce que el hombre puede entender lo que Él le habla, haciéndole ver los seres del mar y las aves. Y el hombre puede aprovechar  esta lección magistral, y vivir en Dios, creyéndole, en cercanía e intimidad en Él por encima de las cosas.

Y los bendijo Dios diciendo: “Sed fecundos y multiplicaos, y henchid las aguas de los mares”.

Dios bendice a los peces y las aves, simbólicamente, los creyentes y los que viven en una cercanía a Dios, en la vida mística, los elegidos; todos tienen la gracia de poder vivir cerca de Dios, por encima de las cosas apegadas a la tierra.

Pero no han de vivir sólo para sí mismos sino que lo que Dios da es para que otros también puedan recibir. Eso significa, sed fecundos y multiplicaos y henchid las aguas de los mares”.

Podemos “volar” cuando estamos tan cerca de Dios a pesar de las limitaciones de nuestra condición humana, la tierra que somos, pues no somos ángeles; pero hemos de volver a ser tierra, a  la realidad de lo cotidiano. Por esto dice:

Las aves crezcan en la tierra.

Nuestro crecimiento es desde la tierra que somos; nuestra realidad natural está aquí. Y nuestro alimento está aquí, en el día a día que no podemos abandonar si queremos crecer en Dios, pues Él lo dejó así dispuesto por su gracia.

Y aunque esta humanidad cayó en las tinieblas, puede ver la Luz cuando mira a lo alto y ve tantos seres que disfrutan de la cercanía en Dios, porque se han abierto a recibir la gracia que  Dios les hace llegar por todos los medios. Y muchos por medio de ellos han visto  la Luz. Por esto se vuelve a decir:

Y amaneció y atardeció: quinto día.

 
   
   
   
   
   
   
           

                                

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