El Libro del Génesis Revelado


Presentación del Libro
Creación Hombre Espiritual
El Hombre Terrenal

Día Primero
Día Segundo
Día Tercero
Día Cuarto

 

Día Quinto
Día Sexto
Día Séptimo
Texto Bíblico

Contraportada


Creación Hombre Espiritual
Edém Hasta la Humanidad
Dios Rechaza la Maldad
Consecuencias del Pecado
El Hombre Terrenal
C. Para el Hombre Caído
El Hombre Terrenal Relatos
El Reencuentro con Dios



      
   

 

 

 

 

 

 

           
 

Dijo Dios:

“Haya un firmamento por en medio de las aguas,

que las aparte unas de otras”.

E hizo Dios el firmamento,

y apartó las aguas de por debajo del firmamento

de las aguas de por encima del firmamento.

Y así fue.

Y llamó Dios al firmamento “cielo”.

Y atardeció y amaneció: día segundo.

(Gén.1,6-8)

 

Estamos haciendo la lectura espiritual que emana de toda la creación, como una parábola.

Habíamos visto que antes de comenzar los seis días de la creación, además de que Dios había creado el cielo y la tierra,  creó también las aguas, porque “el Espíritu de Dios aleteaba sobre las aguas” (Gén.1,1). Ahora establece un orden en esas aguas:

Dijo Dios: “Haya un firmamento por en medio de las aguas, que las aparte unas de otras”.

En este día segundo hace una separación entre dos clases de aguas que comprenden dos estados de vida diferentes. Y pone un límite entre ambas. Y esa separación, ese velo entre unas y otras aguas, lo llama firmamento o cielo.

E hizo Dios el firmamento; y apartó las aguas de por debajo del firmamento de las aguas de por encima del firmamento. Y así fue.

Las aguas de por debajo del firmamento, estas aguas que nos purifican, simbolizan el estado de los creyentes, cuando hemos aceptado la redención de Cristo que se ofreció por nosotros para darnos la Luz, y que salgamos de las tinieblas (Ap.8,8-9).

Es este estado el mismo al que se hace referencia en el tema uno (Gén.2,3), el segundo país regado por el segundo río que sale del río del jardín de Edén, que nos da a conocer el agua como símbolo de purificación para recibir a Cristo (Mt.3,11).

Por encima de este velo están las aguas de por encima del firmamento en las que podremos sumergirnos cuando nuestras almas hayan sido purificadas aquí en las aguas que están por debajo del firmamento, por las aguas que manan de Cristo como fuente de Vida eterna, que nos  llama a todos a beber gratis, porque así de nuestro interior brotarán ríos de agua viva (Jn.7,38).

Será entonces cuando nos sumergiremos en las aguas de por encima del firmamento (Gén.1,7). Como se nombra en el Apocalipsis, la Nueva Jerusalén, donde Cristo nos espera. Él enjugará toda lágrima de nuestros ojos, y no habrá ya muerte ni llanto, ni gritos ni fatigas, porque el mundo viejo habrá pasado (Ap.21,4).

Mientras las aguas de por debajo del firmamento nos limpian de nuestros pecados,  estas aguas nos limpian de las heridas de nuestras almas por todos los sufrimientos que hemos padecido aquí. Pero habremos de traspasar ese límite, ese firmamento:

Y llamó Dios al firmamento “cielo”.

Cielo es el velo que separa nuestra vida aquí de la gloria que nos espera, hoy oculta a nuestra mirada. Por nosotros mismos nunca   podremos traspasarlo, pero Jesucristo con su muerte nos abrió el cielo, rasgó el velo (Lc.23,45), y por su resurrección nos lleva a la gloria, más allá del velo, donde entró Cristo por nosotros (Hb.6,19-20).

Y aunque hoy aún esta humanidad se deja llevar por las tinieblas que llevan al pecado, muchos saben que hay una Vida de felicidad y gloria que Dios tiene preparada para los que lo aman y buscan vivir en Él. Por eso se dice:

  Y atardeció y amaneció: día segundo.

 
   
   
   
   
   
   
           

                                

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