El Libro del Génesis Revelado


Presentación del Libro
Creación Hombre Espiritual
El Hombre Terrenal

Día Primero
Día Segundo
Día Tercero
Día Cuarto

 

Día Quinto
Día Sexto
Día Séptimo

Texto Bíblico
Contraportada


Creación Hombre Espiritual
Edém Hasta la Humanidad
Dios Rechaza la Maldad
Consecuencias del Pecado
El Hombre Terrenal
C. Para el Hombre Caído
El Hombre Terrenal Relatos
El Reencuentro con Dios


      
   

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Misma Autora Consultar Dudas Derechos Autor

 

 

 

 

           
 

Dijo Dios:

“Produzca la tierra animales vivientes

según su especie

bestias, reptiles y  alimañas terrestres

según su especie”.

Y así fue.

Hizo Dios las alimañas terrestres

según su especie,

y las bestias según su especie,

y los reptiles del suelo según su especie:

Y vio Dios que estaba bien.

(Gén.1,24-25)

Todo lo creado en la naturaleza está al servicio del hombre. Aunque haya religiones que endiosen a la Tierra, el poder está en Dios que es el autor de la naturaleza, y no en la propia naturaleza, que sin Dios no existiría. El sentido de toda la creación es que el hombre pueda ver a Dios a través de ella, reconocerle como su creador.

Dios crea los animales terrestres, que son seres inferiores al hombre que tiene alma y espíritu a “imagen y semejanza de Dios”. Y ha puesto todo el mundo animal ante nuestros ojos para enseñarnos la diferencia entre una vida inferior y nuestra vida en el espíritu, una vida superior a la de los animales. Así podemos darnos cuenta que nuestra vida está llamada a ser vivida en el espíritu y no a nivel de lo animal, de la carne, como descubre Adán al ver a la Mujer, en el día sexto (Gén.2.23). (Pág.191).

Conforme las aves se elevan a un nivel más alto, más cerca de la Luz, los animales terrestres viven a ras del suelo y ni siquiera miran hacia lo alto, aunque la Luz que llega a toda la creación llegue también hasta ellos. Ellos caminan mirando  hacia abajo, no hacia arriba para ver de dónde procede la Luz.

Sirven como símbolo de todos aquéllos que se limitan a la vida terrenal, a la vida de la carne, los que no ven que Dios sopló sobre el hombre un “aliento de Vida”, el alma. Y que el hombre tiene entendimiento para decidir desde su voluntad y no sólo desde los instintos, como hacen los animales.

El hombre puede fijarse en cuál es el comportamiento propio de una vida animal, según las diferentes especies, desde las fieras hasta los reptiles o las alimañas repulsivas. Todos están ante sus ojos. Y de todo puede aprender, para comprender qué actitud lo rebaja de su condición de ser espiritual, y cuánto puede reconocer de la belleza, armonía y actitud de algunos animales, como el instinto de cuidar de los hijos, lo mismo que la actitud de aquellos animales amigos del hombre, como la docilidad o humildad de las ovejas, por ejemplo.

Todo aporta Luz para que nos conozcamos, rehusemos a la actitud meramente animal, y vivamos buscando la actitud de los hijos de Dios. Ése es el hombre creado a imagen y semejanza de Dios.

Como ejemplo la Biblia nombra entre otros tantos animales, además de la serpiente símbolo del demonio, la fuerza del búfalo (Sal.92,10); al ciervo que busca por las aguas (Sal.42,1) como símbolo de purificación; al cordero como símbolo de la redención (Jn.1,29); al león como símbolo del poder: “Ha triunfado el león de la tribu de Judá” (Ap.5,5); o a las ovejas que escuchan la voz del Buen Pastor (Jn.10,11), etc.

Dios nos está hablando a través de los animales creados, para que observando sus actitudes reconozcamos cómo hemos de ser nosotros, los seres espirituales, los hijos de Dios. No como “el perro que vuelve a su vómito” (2Pe.2,22) como le sucede al pecador que después de ser libre de su pecado vuelve a reincidir sin cuestionárselo siquiera, como un hábito. Por esto vuelve a decir: guardaos de los perros, guardaos de los malos (Flp.3,2), y también que  en  la Ciudad Santa es negada la entrada a los perros (Ap.22, 15).

Así mismo nombra a otros animales, por ejemplo el cerdo, como animal inmundo (Lv.11,7). Jesús dice: “No deis a los perros lo que es santo ni echéis vuestras perlas a los cerdos” (Mt.7,6). En el Apocalipsis están las visiones de las dos bestias con características de diferentes animales (Ap.13,1ss) y las langostas (Ap.9,3) entre otros.

Y son numerosas las veces que en la Biblia se nombran animales para hacernos ver una verdad de índole espiritual (Sal.50,9-11). Para ello nos ha sido dada toda la creación, y la Palabra nos la explica. Ésa es la misión: darnos Luz y que así veamos el camino preparado para los hijos de Dios.

¿Cómo habríamos de ver sin todos esos símbolos de la creación, que nos dan conocimiento para entender lo que Dios nuestro Señor nos dice para ayudarnos en este peregrinar, y regresemos a Él?

Así podemos comparar, cuando el hombre actúa con fiereza, con la violencia instintiva, cuando se arrastra al nivel más bajo como los animales que serpean, o cuando vive en la paz, en mansedumbre; cuando busca ser mejor, purificarse, etc. Si estudiáramos más de la vida de los animales, nos sorprenderíamos de cuanto podemos descubrir en cuanto a la actitud y al comportamiento peculiar de cada especie.

Y vio Dios que estaba bien.

Y Dios ve que todos estos animales son útiles al hombre y le aportan el conocimiento de su propia realidad y del poder de Dios creador;  su existencia habría de ser beneficiosa para el hombre, le daría Luz.

Todos estos animales terrestres son símbolo de aquéllos a los que se hace referencia en el cuarto país donde se encuentran los que están fuera de los límites de la tierra prometida, al otro margen del río Éufrates. Son de los que se nombran también en el Apocalipsis (como se explica en la pág. 37).

 

Termina diciendo, que vio Dios que estaba bien. Hace como una separación aquí para ellos, pone punto final a esta primera parte del día sexto. Y empieza a describir luego, la creación de los seres humanos.

Toda la creación habla, y así lo entendió Job que reconoció a Dios a través de ella, afirmando:

 

“Y en efecto, pregunta a las bestias

y ellas te enseñarán,

a las aves de los cielos y ellas te lo mostrarán;

o habla a la tierra, y ella te enseñará;

los peces del mar te lo declararán también”.

(Job.12,7-8)

Todo cuanto nos rodea, los animales desde las bestias (Jl.2,22), las aves y peces, todos los vegetales, y hasta la misma tierra, se nos muestra para además de ver la mano poderosa de Dios, como signo de un lenguaje de entendimiento que nos enseña a relacionarnos con Él.

Todo lo creado hasta aquí ha sido de gracia para el hombre; la finalidad es que el hombre se salve. El dueño de todo lo creado es Dios. Todo es suyo. Y al hombre le ha hecho administrador de cuanto ha puesto a su servicio. Así lo vamos a ir viendo en el relato del hombre terrenal, que sigue a continuación.

 

 
   
   
   
   
   
   
           

                                

||    |  |  | 

 


|| 

|Hosting México| |Hosting España| |Hosting Nicaragua

La Verdad de la Creación en el Génesis Copyright ©2015 - Explorer -Mozilla - Ópera - Chrome